¡Descubran la sucesión del Diario del hombre pálido!Un hombre pálido y cautivo fue admitido por la tribu de los hombres libres. Ahora luchará por ser uno más entre los habitantes de la pradera. ¿Lo conseguirá? Esta obra es la narración de un cuerpo que desea cambiar su mórbida palidez por la piel curtida por el sol que todo lo renueva. He aquí la narración de una veloz cabalgada.Piel roja es la última entrega de lo que el autor denomina "trilogía de la enfermedad". Si en La Línea Plimsoll (2008) el autor abordaba el tema desde los parámetros de la novela, en Diario del hombre pálido (2010) lo hacía desde el testimonio personal. Piel roja mantiene la tensión, el lirismo y el humor de su precedente, pero el lector se encuentra ante una obra que funciona de manera autónoma: un diario que se lee como una novela o una novela autobiográfica presentada en forma de diario. Da igual. Lo importante es que Piel roja es una obra deslumbrante por su calidad literaria y veracidad.Desde la primera página, el lector querrá subirse al caballo del piel roja para acompañar al autor en su viaje hacia los peligrosos territorios donde aguarda la esperanza, la salud y la incertidumbre.EXTRACTODía ciento setentaDistinto ventanal, pero idéntica vista: la Facultad de Medicina, donde papá debería estar flotando en una piscina de formol. Si el cuerpo es honrado, si nunca miente, el mío muestra un desierto humeante donde crecen grandes cactus erizados de púas. Hay alacranes bajo la piel y crótalos que cimbrean en mis articulaciones. "Síntomas difusos", los llaman los médicos, pero mi dolor no es difuso, sino concreto como un macizo edificio de ladrillo rojo. El dolor es una bestia antigua; lo siento en las muñecas, en los tobillos, también en el cuello y, sobre todo, en las plantas de los pies. Se agazapa en extraños cubiles. Mi piel ha cambiado de color, ahora es gris ceniza.
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